Personas que nos inspiran

Mahatma Gandhi

“Vendrán generaciones, que difícilmente crean que un hombre como este caminó alguna vez sobre la Tierra.” - Albert Einstein


Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948) Mas conocido como Mahatma, Gran Alma, por su adherencia a los dos principios fundamentales de Ahimsa, no violencia y Sathyagraha, la fuerza de la Verdad, mediante los cuales inspiró al pueblo Indio  a la resistencia pacifica en pos de la independencia británica, finalmente lograda en 1940. Gandhi sostenía que la espiritualidad no consiste en recitar las escrituras sino en cultivar el corazón, lo cual, requiere una fortaleza inconmensurable. Su lema “Debemos ser, el cambio que queremos ver” habla de una voluntad férrea puesta al servicio  de la propia auto transformación. Con sus ayunos, con sus actos de desobediencia civil pacífica, resistiendo estoicamente la represión y los reiterados encarcelamientos, Gandhi corporizaba una integridad espiritual enfocada a vencer el mayor de los pecados: la tentación del homicidio. Satyagraha, decia Gandhi, “es la reivindicación de la verdad, del amor y de la firmeza, que confluyen y son sinónimo de fortaleza”. Tal activismo pacífico, ascético, exige ante todo un potente autocontrol, pues las “armas” que tornan Satyagrahi a una persona residen en el alma. Es una herramienta militante pacífica:

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Nelson Mandela

“Sueño con una África en Paz consigo misma”


Nelson Rolihlahla Mandela fue un abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo sudafricano que presidió su país de 1994 a 1999. Fue el primer mandatario de raza negra que encabezó el Poder Ejecutivo, y el primero en resultar elegido por sufragio universal en su país. En 1993 recibió el Premio Nobel de la Paz. Su labor pacificadora a través de la Comisión para la Reconciliación y la Verdad, tendiente a sanar las heridas sociales producidas por el régimen del apartheid es uno de sus legados mas importantes al instalar la figura de Justicia Reparadora. A lo largo de toda su vida buscó materializar ese sueño en una África tumultuosa que se enfrentaba, entre otras problemáticas, al atroz régimen del apartheid. Luchó desde su banca como líder del Congreso Nacional Africano contra esta segregación racial que oprimía al 80% de la población negra de Sudáfrica, confinada en barrios, transportes, educación y salud diferenciados del 20% de la población blanca, y que era sostenida mediante la violencia del Estado. En este contexto de lucha, Mandela fue encarcelado durante 27 años. Tras su liberación, se convirtió en el primer presidente negro electo democráticamente en Sudáfrica.Una de sus principales enseñanzas fue la de una justicia reparadora para todos, que cure heridas, que deje atrás el pasado, y dirija al país hacia el futuro. En su discurso inaugural Mandela afirmó: “Llegó el momento de cerrar las heridas. El momento para cerrar la brecha de los abismos que nos dividen. El tiempo para construir está sobre nosotros.” En pos de lograrlo estableció la Comisión para la reconciliación y la Verdad, presidida por el arzobispo Desmond Tutu, cuya meta fue

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Paulo Freire

“Los oprimidos no son sujetos a ser rescatados. Ellos mismos tienen que autodeterminarse y rescatarse a si mismos. En la mano del opresor no pueden descansar ambos: el poder de oprimir y de rescatar."

Ahí radica la gran tarea humana e histórica de los oprimidos: liberarse de sí mismos y liberar a los opresores. Éstos, que oprimen, explotan y violentan en razón de su poder, no pueden tener en dicho poder la fuerza de liberación de los oprimidos ni de sí mismos. Sólo el poder que renace de la debilidad de los oprimidos será lo suficientemente fuerte para liberar a ambos. Es por esto por lo que el poder de los opresores, cuando pretende suavizarse ante la debilidad de los oprimidos, no sólo se expresa, casi siempre, en una falsa generosidad, sino que jamás la sobrepasa. Los opresores, falsamente generosos, tienen necesidad de que la situación de injusticia permanezca a fin de que su “generosidad” continúe teniendo la posibilidad de realizarse. El “orden” social injusto es la fuente generadora permanente de esa “generosidad” que se nutre de la muerte, del desaliento y es de la miseria. La generosidad sólo se entiende en la lucha para que esas manos, sean de hombres o pueblos, se extiendan cada vez menos en gestos de súplica. Súplica de humildes a poderosos. Y se vayan haciendo así cada vez más manos humanas que trabajen y transformen el mundo. Esta enseñanza y aprendizaje tienen que partir, sin embargo de los” condenados de la tierra”, de los oprimidos, de los desarrapados del mundo y de los que con ellos realmente se solidaricen. Luchando por la restauración de su humanidad, estarán, sean hombres o pueblos, intentando la restauración de la verdadera generosidad.

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